yo antes era periodista
La visión de la información que recibimos por una periodista que ya no ejerce como periodista en los medios tradicionales
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Ha llegado la utopía

Durante años los periodistas de información científica hemos llorado por los rincones y en conferencias, artículos, congresos, mesas redondas y etc... por el poco interés que nuestra especialidad despertaba en nuestros jefes. Me he cansado de oír a mis colegas y a mi misma la cantinela de "es que mi redactor jefe cuando oye hablar de una noticia de ciencia pone cara de perro y su comentario habitual es que la ciencia es un rollo".
Me he cansado de oír suspirar por un redactor jefe, subdirector, o -en el mejor de los sueños- director que amara la información científica, que estuviera interesado y entendiera el valor de esos artículos.
Yo que -como los que me conocen no dudaran en admitir- soy muy borde, he argumentado frecuentemente que, a lo mejor, la culpa de eso la teníamos nosotros que si no conseguíamos interesar a redactores jefes, subdirectores o directores y hacerles ver que la información científica no sólo es necesaria sino que puede ser apasionante cómo pretendíamos interesar a los lectores.
Pero fuera como fuera, la utopía ha llegado al menos a un medio. ABC acaba de nombrar subdirector de información a Alberto Aguirre de Cárcer, uno de los mejores periodistas de ciencia que hay en España, uno de los mejores periodistas a secas que yo he conocido y un tipo magnífico. Y me puedo permitir el lujo de decir todas estas cosas buenas de un compañero porque además ya no estoy en los medios.
Ahí está Alberto y ahora vamos a ver todos quién tenía razón.

11:14 | victtoro | 3 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: malambo Fecha: 2006-07-02 03:37

La divulgación científica es una tarea tan ardua como meritoria. No es, claro, comunicación interna entre científicos ni atiende temas de los días comunes (ni de los científicos ni de los que no lo son) y le toca el difícil trabajo de construir un puente entre dos mundos.

Sobre ese angosto pasadizo los divulgadores transportan pesados e inusuales conceptos sin que se abollen demasiado ni que el puente se rompa, porque es común que el puente se rompa y el mensaje no llegue.

Pero lo más grave ocurre, me parece, cuando los conceptos se abollan o quedan muy arañados, tanto que a veces es imposible reconocerlos.

Es un juego tenso y delicado entre la precisión y la comprensión. El público no es idiota, por supuesto, pero una gran parte no está entrenada, tiene una visión distorsionada de la ciencia o, incluso, le teme.

Y el compromiso con la gente es fundamental, porque, por un lado, todos tenemos el derecho de aprender y saber, de decidir con todos los elementos sobre la mesa si es o no peligroso, por ejemplo, comerse un tomate transgénico o votar al diputado que propone instalar un repositorio nuclear; pero por otro lado, la ciencia necesita de personas interesadas en ella y dispuestas a practicarlas y sin el interés generado por los divulgadores habría, estoy seguro, muchísimos menos científicos profesionales.

Pero la culpa de que no haya gente interesada en la ciencia, incluidos los redactores y sus jefes, y los directores y subdirectores, se me ocurre que no es de los divulgadores de ciencia (al menos no de todos).

Pienso que hay varios colectivos filosóficos que tienen mucha raigambre en las escuelas de comunicación que son decididamente anticientíficos. Cualquier estudiante normalito de periodismo verá en la ciencia una herramienta de dominación, un juguete de ricos, una penetración hegemónica en las culturas antiguas y sabias... todo sin siquiera saber qué es no ya la ec. de Scrhrödinger, sino la primera ley de Newton.

Y a una persona que le enseñaron a temer o a odiar la ciencia desde su primera infancia le resultará muy difícil amar la actividad o los productos científicos. La tarea es grande y ardua para el divulgador, pero ahí está, abriéndose caminos, incluso por fuera de los circuitos habituales. Ten mi bienvenida y saludos.



2
De: Anónimo Fecha: 2006-07-13 14:09

Yo pienso que es cuestion de curiosidad.

Nadie desprecia la ciencia. Si lo dudas, intenta regalar un movil de ultima generacion a cualquier tertuliano de los que parecen parte del mobiliario en el bar mas cutre de tu barrio. Veras como lo acepta.

Ahora hablale de mecanica cuantica o de firmware. Veras como pone rapidamente cara de desinteres y aprovecha para ir a aliviar su vejiga.

La conclusion es clara:
A la gente si le interesa la ciencia. Quiere disfrutar de sus ventajas y le parecen estupendos los productos derivados.
Lo que no siente es ningun interes en "saber". Mientras el telefono funcione, lo que tenga por dentro, o como lo haga, es indiferente.

A los monos les ocurre lo mismo. Los jovenes son curiosos, pero en cuanto crecen pierden totalmente la curiosidad.



3
De: Anónimo Fecha: 2006-07-13 23:31

un toque de rigurosidad no vendrá mal, en los últimos días he oido en documentales supuestamente serios de la televisión que la temperatura en Marte llega a 1.300 grados bajo cero y que el bombardero "invisible" stealth alcanza la velocidad de la luz. Bienvenido



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